VISIONADOS

visionar es un verbo nuevo
no sé de dónde viene
pero es cierto que no es mirar ni ver

visionar debe ser
tener visión del futuro
de la película que será

y saber que con trabajo
podemos llegar muy cerca
de eso que el director desea

entre nosotros es habitual
mirar todo de corrido

entonces él visiona una película futura
yo visiono otra
y aún no sabemos cuál es el punto
en que las dos se encuentran

en unos días volveremos a visionar
en un ciclo continuo y necesario
para saber en qué lugar estamos ahora

y al llegar
lo vamos a querer compartir

una casa se abre
cuando tenemos confianza con el otro
un cuerpo
cuando hay deseo
un libro
cuando podemos entenderlo

entonces elegimos algunas personas
para ver
qué parte del cuerpo sigue doliendo
si puede escucharse o no
algún latido

y respira? hay algo que respira?

a todas esas preguntas
ya no podemos responderlas nosotros

por eso escuchamos con atención
a los primeros espectadores
con su mirada nueva

entonces quizá podamos saber
cuánto falta trabajar y en dónde
para llegar a tener entre las manos
una película terminada

y para que el cine
vuelva a recordarnos
-bien bajito, en el oído-
que estamos vivos

***

visionar:
(de visión)
1. creer que son reales cosas inventadas

DESEOS PARA EL 2017

que el cine sea
de aquí hasta el fin del mundo
una casa de puertas abiertas
y cuando todo lo demás desaparezca
sea él quien nos salve

que siempre seamos libres
para elegir cómo y dónde trabajar
y que esa libertad sea nuestro auténtico poder

que entendamos que no le debemos nada a nadie
más que la gratitud por haber confiado en nosotras
y haber sido parte del camino

que algo tan simple como un oficio
pueda calmarnos
llenar una parte del deseo
y darnos el pan de cada día

que nos mantengamos cerca de nuestros referentes
y los cuidemos y respetemos

que sepamos cuáles son los lugares
en los que queremos estar
así pasen tempestades
y pocas cosas se salven del tumulto

 

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Fin de montaje “Canción para los laureles”, de Pablo Spollansky

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Fin de montaje “Los Pasos”, de Renzo Blanc

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Fin de montaje “Y se quedó un momento, luego otro”, de Ismael Zgaib

 

EL AÑO DE LOS DIRECTORES HERMOSOS

a mí me gusta que lleguen temprano
con bolsas en la mano
y no saber si traen criollitos
o algo para el almuerzo
y que suban las escaleras con su mochila
porque vienen a pasar el día

me gusta que estén sentados a mi lado
que sepan lo que quieren
que hablen con palabras de cine

que la sala de montaje
sea como un diván
donde pensar la película en voz alta

que me escuchen en silencio
y a veces respondan que sí
otras no me crean
y me obliguen a desplegar
todo tipo de argumentaciones

que cuando nos sentamos a trabajar
se pongan unos lentes que no usan todo el tiempo
y parezcan más intelectuales y más serios
aunque sigan siendo los mismos

me gusta convivir con ellos
así de a temporadas
que me cocinen en mi cocina
que quieran renovar el mate

también es cierto que no me gusta
que tengamos discusiones eternas
porque sé que la decisión final
nunca va a ser mía

a veces me prestan libros
me regalan canciones, películas
o flores para el jardín

y entonces me siento como una médica
a la que le agradecen
por haber puesto las curitas
ahí donde dolía

me encanta cuando me dicen
a mí me gusta
charlar de mi película con vos
hoy me levanté contento de venir

pero lo más lindo de todo es
esa tensión en el cuerpo
durante los visionados
el corazón que se acelera
justo antes de esa parte
donde propuse algo
y sé que ellos
van a amarla o a odiarla

y es esperar esos minutos
tomada por los nervios
esperar a que pronuncien
el sí o el no

así de entera me tengo que brindar
es una cuestión sin matices

con estos compañeros que van y vienen
que son como aves de paso
que a veces vuelven en unos meses
o años después o quizá nunca

pero yo ya toqué con mis manos su película
ya recorrí el camino con ellos

y lo que más me gustaría
es que me vuelvan a elegir

*
a fer, pablo s., ren, nadir, isma, pablo f. y bruno

MANOS EN LA TIERRA

temprano en la mañana
una flor no acaba por abrirse

este oficio,
¿será siempre lo que seré?

¿es cierto que somos lo que hacemos?

editar, quizás
es como cultivar la tierra

amar lo que no es tibio,
¿será más o menos verdadero?

al final editar es estar para el otro

a veces tengo miedo
de que las películas no me dejen

despertar
y que sigan dentro mío

una mañana cualquiera de noviembre

flores-de-video

ENTONADOS

UNO

Era enero, yo aún estaba editando Gallos Rojos. Me encontraba lejos de intuir el torbellino de año que se avecinaba. Por esos días, en apariencia calmos, llegó una buena noticia: Fer Lacolla quería convocarme para editar una película sobre un poeta. Trabajar con Fer en INOXIDABLES había sido una experiencia hermosa y nutritiva. Y yo adoro la poesía. Por toda respuesta, dije: Sí.

Después vinieron febrero, mi partida calefona, el viaje a México, volver y ser una nómade con una isla de edición a cuestas. Entre todo ese vértigo, hubo una sola cosa que se mantuvo firme: confiar en los proyectos que había elegido para trabajar. Y editar, editar y editar.

DOS

Todo es más amable ahora, y hoy ha sido un bello día: un día de fin de montaje. Decidí que de ahora en adelante voy a sacarme una foto con los directores cada vez que termine una película. Es lo justo: los montajes y su final son tan importantes como el fin de un rodaje.

En algo más de cinco semanas, atravesamos con Fer todas las etapas previstas: el material enfrentado a machete limpio, la decisión del formato más cinematográfico o más televisivo, la sensación de deriva. Y, lo más importante de todo: el ejercicio de la libertad.

Había, en esta película, poco material y muchas entrevistas. Pero detrás de todo eso, rodeado de montañas, árboles y pájaros, estaba él: Antonio Esteban Agüero, el poeta merlino. Me gusta decirle asi, un poco como si fuera un mago.

De la imagen de Agüero no existe registro fílmico: sólo fotografías y un viejo disco con algunos poemas recitados. Ni entrevistas, ni otros audios, ni nada. Entonces el primer problema era una de las eternas y más enormes preguntas que debe hacerse el cine: ¿cómo hablamos de aquello que ya no existe?

TRES

Alan Berliner dice que debemos celebrar la pasión por la edición: que las cosas sucedan porque se editan.

Siempre pensé que lo más fascinante de editar era la libertad que nos propone. Hacer y deshacer a nuestro antojo. Pero no es sólo eso, es también el poder. Porque tomar decisiones es tener poder. Y a mí me gustan la libertad y el poder, atributos de los dioses que jugamos a ser cada vez que hacemos una película.

Cuando construimos personajes, por ejemplo, nos convertimos en sus creadores: los modelamos lentamente, delineando sus rasgos de personalidad, sus vínculos con seres queridos, sus contradicciones. Si toda persona de la vida real tiene su luz y su oscuridad, nosotros vamos a decidir qué mostrar y qué ocultar. Vamos a ir corriendo y descorriendo el velo del misterio, dejando entrever lo suficiente para que alguien pueda identificarse con ellos. Pero nunca develándolos por completo, nunca destruyendo ese misterio.

CUATRO

Quizás por eso el material de archivo sea mi lugar preferido del último tiempo. Es como la materia prima de los dioses, ahora que lo somos. La arcilla blanda y amable que vamos a modelar despacito. El archivo es materia y es puente, a veces el primero que atravesamos hacia la libertad de la creación. Con él, crearemos personajes. Con él, crearemos universos. Con él volveremos a viajar en el tiempo.

Acudo a los archivos cada vez que parecieran acabarse las respuestas. Fer me da la libertad y la confianza para que comience a transitar ese lugar. Como editora, siempre agradezco que un director me habilite ese espacio.

En un comienzo voy a jugar solamente con mis propias reglas. Hay un material hermoso, fílmico y fotográfico, que he traído de mi viaje a buenos aires en otoño. Del rodaje vinieron más fotos, muchas del poeta y de su aldea. Pero igual hace falta más, con lo cual acudo a un archivo de uso libre, donde hay cantidad de cosas clasificadas de maneras extrañísimas y en inglés. Elijo la categoría “home movies”, navego brevemente sobre algunas colecciones de norteamericanos aficionados de los años 40. Hay material a color también.

El archivo entonces nos va a servir para construir escenas enteras, para narrar lo mismo que dicen esas horas y horas de entrevistas pero haciendo uso de las imágenes, sonidos, música, poemas. Construimos situaciones un poco ciertas y otro poco inventadas (como toda película), y asi Agüero va tomando cuerpo, se convierte en un personaje que es el mismo que escribió la canción de la mazamorra (la mazamorra, sabes? es el pan de los pobres), que amó su pueblo natal, que cuando era niño se subía a un banquito para recitar las cosas que escribía.

CINCO

Hace poco escuché que alguien decía: “no se puede hablar poéticamente de la poesía”. Posiblemente tenga razón. Sin embargo, creo que sí hemos logrado construir cierta poética en esta película, que tiene que ver con esa naturaleza profunda y hermosa que habitó Agüero, con sus montañas, sus atardeceres, sus ríos, sus árboles y pájaros. He usado muchísimo mi nuevo archivo sonoro también, ya que necesitaba ambientes, cantos, y dar una cierta profundidad a esas imágenes encontradas.

El canto. El tono. La cadencia. Todo eso que se construye y tiene que ver con el pulso y la respiración, de la vida y de cualquier película.

SEIS

Las personas pasamos por el mundo, y después quedamos vivas en el recuerdo de quienes nos conocieron. Quedamos en la casa de nuestra infancia, en las calles de nuestro pueblo, en nuestros montes, nuestros cielos. En todas las cosas que alguna vez amamos. En una hija, unos amigos. Agüero quedó también en una cantidad de libros que llevan su nombre.

Hay una obra escrita, y desde hoy una película que habla sobre su creador. Ojalá la experiencia de mirarla logre tender ese puente sagrado entre la película y la vida. Alguien que ahora sabe que existió un tal Antonio Esteban Agüero, y apenas sale de la sala o apaga el televisor, se encamina en la misión de encontrar alguno de sus poemas publicados.

*

Sobre EL TONO, de Fernando Lacolla
A los días de tormenta y de calma que compartimos juntos, y a nuestra paciencia inmensa que nos regaló esta bella película

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MOTIVACIONES

lo que nos lleva a hacer una película:

el deseo de que exista, porque creemos en ella.
el amor al cine como los buenos hijos que somos de él.
la necesidad de compartir algo que queremos decir.
la valentía de enfrentarnos a la pregunta: quiénes somos?

se nos queda una parte de la vida en cada película que hacemos.

por eso atención, dos veces atención.

que ningún pájaro negro nos quiera vender
mezquindad por coherencia
ni egocentrismo por humildad.

UN DIA COMO ESTE

Debió haber amanecido cerca de las ocho. Quizá el sol entró apenas por alguna de las ventanas del pabellón que daban al patio interno, con esa tonalidad amarilla y pálida que tiene el sol en otoño. Debieron levantarse y lavarse los dientes con el agua fría de los baños. Las que sabían, debieron sentir que el tiempo pasaba despacio, como si hubiera muchos días dentro de este solo. Debió haber hojas secas de los fresnos y plátanos en las calles de Córdoba, como cualquier otro otoño, sólo que ellas no podían ver ningún árbol porque había varios muros que las separaban del afuera. Las que no sabían, se iban enterando. Y la decisión se tomaba en el momento: irse o quedarse, sin dudar. Debieron estar sus abrigos preferidos colgados en los roperos de su casa. Debió estar helado el aire, y salirles humito de la boca cuando fueron al patio a lavar las sábanas. Debieron tener pocas energías, porque venían de una huelga de hambre de veinte días. Ya decididas a irse, las que se iban, debieron anhelar a todos sus afectos. Un abrazo sin cronómetros, una comida de domingo. Debió de ser muy fácil recordar el número asignado para hacer la fila. Debió ser duro quemar y romper las pocas pertenencias para no dejar evidencias. El diario del sábado anunciaba un eclipse de luna y un tedeum del 25 de mayo en el teatro del libertador. Pasaba el mediodía y el último almuerzo de todas juntas, la siesta secaba sábanas al sol. Debió haber aumentado la ansiedad mientras caía la tarde, y también un poco el miedo pero más la fuerza. Debió haberse instalado una noche fría y de luna llena, como la que tendremos hoy, cuando dieron las ocho en punto. Las que se iban, casi todas, estaban ensayando una obra de teatro por la fecha patria. Debió escucharse la señal de la bomba de estruendo que marcaba el inicio de la operación y debieron sentir entonces que no estaban solas, y que cientos de compañeros habían trabajado silenciosa y generosamente para ellas. Debieron agradecer también las sábanas colgadas cerca del pasillo que las cubrieron de la guardia de los techos cuando tuvieron que correr. La cocina debió estar más fría y oscura que nunca, y la ventana debió parecer un hueco de luz. Debieron ser eternos los segundos desde que rompieron los vidrios hasta que llegó el turno de saltar. Debió ser inolvidable y necesario sentir el aire puro del afuera y la libertad otra vez.

*

A 41 AÑOS DE LA FUGA

Mi eterna admiración y agradecimiento a María Claro, María Baraldo, Cristina Bollati, Cristina Salvarezza, María Eugenia Fernández, Silvia Tubis, Graciela Arena y todas las mujeres que ese día volvieron a elegir su libertad y su militancia.

*

Sobre “Buen Pastor, una fuga de mujeres”, película que co-dirigimos con Matías Herrera Córdoba

ANALOGÍAS

Aquel noviembre en Mar del Plata del 2013 al que viajamos con EL GRILLO y NOSOTRAS.ELLAS, me abrió las puertas de MIRAMAR y Fer Sarquís, y a través suyo de PRIMERO ENERO y Dari Mascambroni. Debo remitirme allí, porque es donde nace todo esto. La idea misma del Dari de hacer una película con su gente querida. Idea que se materializa un mes y medio después, en un enero y en su casa familiar de las sierras.

NUESTROS ENEROS

Córdoba nunca supo del mar. Quienes somos de esta parte del mundo, crecimos con las sierras tan cerca como si fuesen un patio de verano. Las conocemos bien, sus calles de tierra pedregosas, sus árboles mezclados entre lo nativo del monte que queda y los pinos, eucaliptos y siempre verdes.

En mi historia, enero también fue siempre las sierras, porque la familia de papá tenía una casa en Anisacate que se llamaba “La Macana”, a donde íbamos precisamente ese mes. Mi recuerdo de esa casa son los eucaliptos gigantes llenos de loras que gritaban, con sus nidos de espinas que se veían de lejos. Mis hermanos sacando las honderas y yo largándome a llorar. Un clarín de guerra con flores naranjas creciendo sobre una columna, que fue la primera planta que me regaló mi abuela adentro de una latita. Mi bici azul con la que aprendí a andar sin las rueditas del costado, tirándome por la bajada de atrás. La galería llena de bolitas amarillas de paraíso, la mesa de pin pon siempre armada, las moras negras y dulces. Las canciones de José Luis Perales que yo cantaba a los seis años mientras una cámara Hi-8 me filmaba. La noche llena de luciérnagas y tuquitos de ojos verdes prendidos como linternas. El río torrentoso y bello de esa parte de la sierra.

Todo eso era para mí La Macana, hasta que cumplí 9 años y mis papás se separaron. Entonces dejamos de ir y la casa se vendió.

Por lo visto, para Dari los eneros también eran las sierras, el río y una casa familiar querida. Es como si lo entendiera bien recién ahora, que lo escuché contar que a esa edad (la de Valentino en la película, la mía cuando veraneaba en La Macana) él también temía que sus papas se separen.

Las sierras y los fantasmas de la separación. En mí, en él, en la película.

PRIMERO, CONOCERNOS

La primera vez que vi el corte de guión que Dari había hecho, supuse que debía haber mucho de autorreferencial en esa historia. Ese punto era lo que más me interesaba del material. Por qué el director necesitaba contar eso, desde qué lugar lo hacía. Éramos totales desconocidos entonces. Yo sabía de él por Nadir, que siempre lo nombraba y era su gran amigo. Y por el Fer que le había insistido en que me propusiera participar del montaje.

Cuando nos juntamos a charlar sobre lo que había visto, quise sacarme la duda y le pregunté a Dari cuánto de la historia tenía que ver con él. Me paralizó la respuesta: casi nada. Eran su tío y su primo, era la casa de su familia. Pero la historia tenia más que ver con ellos dos que con él mismo.

No se bien por qué, pero si me hubiera dicho “es algo que me pasó de chico”, creo que me hubiera sentido más tranquila. En ese momento creí perder mi único posible punto de identificación. Había para mí una distancia inmensa con la historia. Yo venía de trabajar en películas con muchos personajes femeninos, y de repente PRIMERO ENERO hablaba de un universo enteramente masculino. Entonces tuve que mirar a mi alrededor para construir el lugar desde el cual entender a esos personajes. No puedo de otro modo. Necesito saber quiénes son, qué los moviliza. En algún momento los miré como si pudieran ser mi hermano y su niño (el Valen tenia gestos tan parecidos!). Algo de ese mundo más conocido para mí resonaba en estos personajes, algo de allí fue importante para creerlos un poco más cerca. Nunca recordé conscientemente, en ese momento, mis eneros en La Macana.

EL CINE Y LA SENSACIÓN DE VERDAD

Sucedía algo casi mágico entre este padre y este hijo: lo son en la vida real y en el cine, aunque no sean actores de oficio.  Allí se nos abría la primera posibilidad de construir y cuidar “lo verdadero”.

La línea de acción era bien simple: Jorge y Valentino pasan unos días en la casa familiar de las sierras. Los padres se están separando, la casa se está por vender y ellos han viajado allí para llevar adelante una tradición familiar que hacen todos los hombres, y que se transmite de una generación a otra.

Esa lista de “cosas por hacer en las sierras” (pescar, subir una montaña, matar un cabrito), era la “excusa” narrativa que guiaba el orden de las escenas y que estructuraba todo linealmente. Entonces la historia se hacia demasiado predecible. El primer desafío era cómo desarmar esa linealidad sin perder de vista la idea del mandato familiar.

Tuvimos una etapa de deriva, sin saber bien a dónde íbamos con la película. No sé si se puede editar sin transitar ese momento.

Pero desarmar lo lineal nos dio mucha libertad y nos permitió concentrarnos en eso que ahora nos parecía el punto central: cómo resguardar “lo verdadero” del vínculo entre ellos. No sé si existía lo falso, pero sí las cosas que distraían. Siempre se llega un poco a ese dilema de la verdad en el cine. Las formas de establecer un diálogo con lo real, como dice Fontán. El documental y la ficción no son más que eso, modos de acercarnos a la realidad. El padre y el hijo eran reales en la vida, ¿pero cómo llevábamos eso a la película sin que deje de ser real? El plano nos lo iba a tener que decir. ¿Lo “verdadero”, se vislumbraba o no en el plano? En esa dirección nos pusimos a trabajar.

NOCHE DE ESTRENO

Estábamos en BAFICI y yo salía de ver una película Irakí que estaba en Competencia Internacional. Al terminar la función, su directora (que tenia algunos años menos que yo) apenas si podía responder las preguntas de los espectadores. Eran preguntas personales, estéticas, políticas. Parecía que nunca se las había hecho a sí misma. Me pareció triste eso, que una directora no se hiciera las preguntas esenciales antes de encender una cámara.

Faltaba menos de una hora para la proyección de PRIMERO ENERO, y al salir vi en el hall a Jorge y Valentino, a quienes ya sentía conocer bien a pesar de no haberlos tratado nunca en persona. El Valen estaba más grande y hermoso, intenté explicarle pero creo que no terminó de entender qué era trabajar en la edición. Pero su papá sí. Tuvimos un breve diálogo, donde lo vi amable y tímido, como en la película. Fue importante para mi ese encuentro, volver a la vida los personajes, mirarlos como personas por fuera de la pantalla.

Entonces vino la función. La sala hermosa y gigante, un espectador de honor (Víctor Hugo Morales), mirar la película terminada por primera vez, después del trabajo bello y minucioso de los sonidistas y el colorista.

Pasan muchas cosas en un año de la vida, que fue el tiempo transcurrido desde el corte final hasta este día. Desde esa distancia en el tiempo debí volver a reconocerla, como una vez me pasó con MIRAMAR, y el reencuentro fue amoroso y dulce. La sala me devolvió una película nueva, de cadencia suave y tranquila, de personajes firmes y definidos. Un niño que toma pequeñas decisiones, un padre que lo adora y lo cuida. El pasar de los días allí, compartiendo todo el tiempo de todos los días, yendo y viniendo entre el entendimiento y la confrontación.

Esta película, su director Darío, sus técnicos, abren para mí una etapa nueva de mi trabajo. La sensación de que nos vamos encontrando con las personas correctas.

Hablamos de inicios posibles, hablamos de PRIMERO ENERO.

*

Sobre “PRIMERO ENERO”, de Darío Mascambroni. Gracias-inmensas-a-ti.

macana